martes, 25 de julio de 2017

La piedra del charco [32]




Mi abuelo y mi abuela se conocieron en una piedra.


Me gusta acompañar a mi abuelo viendo televisión y a él le gusta leerme cuentos en la cama antes de dormir. Siempre imita los ruidos de los animales y personajes de cada historia. Quiere hacerme reír todo el tiempo. Sus brazos son largos y peludos. Cuando llego del colegio, me lanza al aire y me pide que abra los brazos como un avión. Me gusta sentir cosquillitas en el estómago. Sus manos son mucho más grandes que las mías y tiene pecas en la piel, como yo. Una sola de sus manos es más grande que dos de las mías, me pregunto si yo seré igual de grande a él. Cada vez que se lo pregunto, me responde que lo importante es crecer por dentro, y yo le respondo que no quiero inflarme como un balón y parecerme a la gordita Beatriz, la niña cansona de mi clase, la que tiene los dientes salidos y el pelo quieto.


Un domingo por la tarde se reunió con sus amigos bajo el caucho de la plaza sin saber que el rumbo de su vida iba a cambiar en pocas horas. Quiero dejar esta historia por escrito porque mi mamá dice que está perdiendo la cabeza y que pronto no reconocerá a la abuela cuando la vea en las fotos que decoran toda la casa. Así que presten mucha atención, no me hagan repetir.


Cuando mi abuelo llegó a la banca donde se reunía con sus amigos bajo la sombra del árbol de caucho, uno de estos, el fotógrafo, le contó que la hija del panadero había recibido la visita de sus primas de la capital, y que sabía que estarían en el río, cerca al charco de la piedra, porque las vio caminando calle arriba, y dijo que iban muy ligeras de ropa. No me queda muy claro el concepto de “ligeras de ropa” del siglo pasado sabiendo que estamos hablando de los años 30, eso dice mi abuelo, cuando mostrar los hombros era un pecado que debía redimirse con veinte rosarios y cuarenta padres nuestros, en ayuno, claro, eso dice mi mamá.


Mi mamá es una “community manager”. Si no sabe lo que significa, busque en Google, ahí está todo. Se la pasa todo el tiempo por fuera, trabajando, en reuniones, tomando fotos, grabando videos, en eventos y celebraciones y escribiendo muchos artículos para varios blogs. A veces sale en las fotos de la sección Sociales del periódico. No es que yo me dé cuenta de eso, es que ella me cuenta cuando de vez en cuando resulta en una foto del domingo. Se mete emocionada entre mi cama y me despierta con la noticia. Inmediatamente yo brinco del colchón, corro a la cocina, agarro las tijeras del cajón, y recortamos la fotografía y la metemos en la carpeta donde las coleccionamos. Ella tiene la costumbre de comprar dos periódicos el domingo, uno para rayar, recortar y completar el sudoku (si no sabe qué es sudoku: Google), el otro para dárselo a mi abuelo, que lee hasta los edictos (ya sabe dónde buscar qué es un edicto). Yo solo leo las tiras cómicas, Calvin y Hobbes, Mafalda, Mandraque, Garfield, Condorito, Lorenzo y Pepita, Snoopy, Olafo el vikingo. Mi preferida es Calvin y Hobbes. El tigre es, sencillamente, lo máximo.


Quizá por eso soy la preferida de Maria Elena, la profesora de español, porque sé escribir mucho mejor que todos mis compañeritos de clase. Ella dice que podría ser periodista, escritora o poeta. Yo solo quiero ser Community Manager, como mi mamá, para tomar muchas fotos, hacer videos, subirlos a las redes sociales, aparecer en la gaceta dominical y todo eso. Todo se lo debo al periódico, o mejor dicho, a la pasión de mi abuelo y mi mamá por la prensa. La prensa es un aparato que inventaron los alemanes, vaya a Google si quiere saber la historia, es apasionante. Y como me la paso escribiendo todo en mi diario, pues me queda muy fácil contar historias. A veces me las invento, a veces solo cuento las cosas que pasan en el colegio, y cuando la gordita Beatriz o Katy se ponen pesadas conmigo, las destrozo en mis propios cuentos y ficciones.


Mi abuelo pidió entonces una ronda de cerveza para él y sus amigos en la panadería La Cigarra cuando el amigo fotógrafo le anunció que las muchachas habían ido al río. Dijo que eso había que celebrarlo y aprovechó para hacer una promesa frente a ellos, les dijo: esta tarde hablaré con Gloria, y le pediré que sea mi novia. Los amigos se burlaron a todo pulmón, ignorando que la noche anterior había tenido la oportunidad de cruzarse con ella en la panadería. Así que con una gran sonrisa, salió del local con seis cervezas frías en las manos, y las compartió con ellos. Vayamos al río después de esta ronda, dijo, nos llevamos las guitarras y les damos una serenata improvisada. ¿En pleno río? Preguntó el médico. En pleno charco, respondió mi abuelo.


El domingo es el mejor día de la semana, puedo estar con mi mamá todo el día ya que durante la semana, incluso los sábados, está trabajando. Después de despertarnos, desayunamos en la cama, leemos el periódico y nos alistamos para acompañar al abuelo a la misa de las diez. Es aburrida la misa, pero a mi mamá le gusta acompañar a su papá y a mi me gusta acompañarla a ella. De ahí, nos vamos a almorzar, generalmente vamos al club del barrio, donde hay una piscina y la comida es deliciosa. Mientras está listo nuestro pedido, me voy a nadar y mi mamá se queda conversando con él. Al salir de ahí, dejamos al abuelo haciendo una siesta en la casa y nos vamos a cine de tres de la tarde. Terminamos el día comiendo helado y regresamos a casa para acompañar al abuelo y contarle la película.


Es el mejor día de la semana porque durante los días de colegio, no la veo casi nunca, trabaja mucho. Me prepara el desayuno, huevos fritos, fruta picada, pan tostado, café con leche. Me peina cuando termino de vestirme, me hace siempre una trenza, aunque tenga el pelo mojado. Dice que voy al colegio para aprender, no para lucir el pelo pasándolo de lado a lado como hacen las niñas que llegan en camionetas grandes con chofer y guardaespaldas. Ella termina siempre de vestirse a las carreras y salimos a la esquina de la casa a esperar el bus que me recoge. Nos quedamos siempre de pie, y ella se agacha para quedar a mi altura y poder hablarme al oído. Todos los días de colegio nos encontramos los mismos con las mismas en la parada del bús. Algunas empleadas de servicio, algunos papás y algunas mamás acompañan a los niños. Ninguno es de mi colegio. Todos los adultos, celular en mano, se pasan el tiempo mirando la pantalla, la cabeza inclinada, como desnucados. A veces el bús llega, abre la puerta y los adultos ni se dan cuenta. Mi mamá hizo una promesa conmigo, no mirar su teléfono, ni por las mañanas cuando me acompaña en la parada del bús, ni los domingos. Mejor dicho, en ningún momento cuando estamos juntas. Es su manera de dedicarme toda su atención el poco tiempo que puede estar conmigo.


Cuando el abuelo y sus amigos llegaron al charco del río, se llevaron una gran sorpresa. No solo estaba Gloria, con su hermana Teresa la bailarina y su prima Irene, la hija del panadero, sino que estaba Estela, la hija del alcalde, y Bellatriz, la hija mayor del boticario, que de “bella” no tenía nada, sólo el nombre, decía mi abuelo. Y estaban todas sobre la piedra, tomando el sol. Al verlas trepadas sobre la roca monumental que colgaba en voladizo sobre el charco como un balcón prehistórico, cruzaron el río por el rápido ya que era el único lugar donde el agua no los mojaba más arriba de la cintura, y así poder llevar sanas y secas las guitarras y las maracas. Se instalaron frente a la piedra, desenfundaron sus instrumentos, y mi abuelo, con toda la potencia de su voz, a manera de anuncio, clamó al público femenino: “en respuesta a los dioses, quienes esta tarde han dejado caer los ángeles del cielo y los ha posado sobre esta piedra, queremos ofrecerles esta humilde serenata”. Tan pronto empezaron a tocar, las sonrisas sobre la roca resplandecieron con tal fuerza que, por un momento, el sol quedó opacado, hipnotizando a los músicos.


Y esta es la foto que está enmarcada sobre el televisor de la sala, donde se vé al abuelo tumbado sobre la piedra, vestido de pantalón oscuro y camisa blanca, bigote impecable, piernas dobladas y los brazos cruzados detrás de la cabeza, con una sonrisa de oreja a oreja, mirando el daguerrotipo (consulte la web si no conoce este término). Mi abuela se ve con una sonrisa natural, de plena felicidad, pura y hermosa, con su vestido oscuro, tumbada a su lado sobre un chal de flores, las piernas estiradas y su mirada se dirige al cielo, observando el futuro, quizá. El amigo fotógrafo inmortalizó el momento. Cuando la serenata terminó y sonaron unos pocos aplausos, las chicas se metieron al agua, dejando a solas a Gloria para que pudiera hablar con Arcesio, mi abuelo. El amigo fotógrafo los sorprendió instalando el aparato y capturó el instante donde todo comenzó entre ellos. Acto seguido, se quitó la camisa y para dejarlos solos, saltó al agua. Si les ha gustado la historia y quieren saber lo que pasa después, pueden enviarme un email a: mariapauliladivina@mail.com, o enviarme un mensaje a través de mi cuenta en Instagram, Facebook, Twitter o Snapchat.








sábado, 1 de julio de 2017

Interregno [31]

Tranquilos, que no panda el cúnico, como dice El Chapulín Colorado.
Yo tampoco sabía qué diablos significaba esa palabra hasta que busqué en el diccionario.
Porque no les he contado, pero soy el más rápido de la clase para buscar palabras en él.
Esta semana la profesora hizo otro concurso, y volví a ganarme el arequipe. El gordito Durán se puso furioso una vez más, pero no me importa, no voy a dejar que gane.

Interregno: período de tiempo en que un estado o país carece de soberano.

Y eso fue lo que ocurrió el viernes por la noche, fue una fiesta loca, tiramos la casa por las escaleras, como diría Doña Ofelia, mi vecina.
Mi papá estaba de viaje de trabajo y no regresaba hasta el domingo, le pedí un carro a control remoto, espero que me cumpla. Mi mamá, creo que se fue al cumpleaños de una amiga de infancia, una de esas señoras gorditas y emperifolladas que ya casi no puede caminar.

A las cinco de la tarde me avisó que iba a salir esa noche y que no me preocupara, que antes de las doce estaría de regreso, cosa que dudé desde un principio, y que Lola y su verruga en la punta de la nariz se quedarían para cuidarme.

Lola me cae bien, fuma mucho, pero me cae bien. Le dije que quería hacer una fiesta, y que le podía pagar unos cuantos miles si me daba permiso. Revisamos la alcancía, tenía más de veintemil pesos. Negociamos diez mil, incluido el aseo después de la fiesta. Aceptó.

Salí en mi bicicleta a gritarle a los cuatro vientos que había “foforro” en mi casa a partir de las siete. Bueno, no fue a los cuatro vientos, no queríamos que se llenara la casa de niñas feas, gordas y aburridas. Ah, se me olvidó contarles, mi mejor amigo se llama Guillermo, y tiene un serio problema con su nariz: está enamorado de ella, literalmente, pero su bicicleta es super chévere, por eso somos muy amigos.

Guillermo viene entre semana a practicar conmigo los pasos de baile. Se para frente al ventanal de la sala a ver su reflejo y empieza a dar patadas y puños de karate al aire. Cuando se cansa, se sienta en el sofá y yo le explico cómo se baila el merengue. No le enseño a bailar salsa porque creo que su cerebro haría un corto circuito y no tendría con quien montar durante horas en bicicleta. Quiere ser tan buen bailarín como yo. De hecho, creo que quiere ser como yo en muchas cosas, pero le va a quedar un poco difícil. Yo soy rubio, él es trigueño. Ah, y se me olvidó contarles que la nariz se la operó para que le quedara igual a la mía, respingada y delgada. Hay que decir que yo no me fijo en mi nariz, repito, yo nunca me fijo en mi nariz, pero a él le quedó muy bonita después de la operación.

Maribel, la gordita, la de dientes grandes y relucientes, la que huele dulce, la mejor amiga de todas las niñas de la unidad residencial, y sobre todo, la guardaespaldas de mi amor platónico, Liana. Maribel vive en diagonal a mi casa, frente a Lucelly, la de piernas de sirena y nalgas respingadas. Me encanta bailar con Lucelly, ya fuimos novios varias veces, pero ahora mi corazón es de Liana. El problema con Liana es que tiene un hermano, Lucas, y siempre quiere estar con nosotros en todo, es un sapo.
Liana es la niña más bonita de la unidad y de la ciudad, es rubia, delgada, de ojos claros, labios gruesos, parece una princesa sacada de un cuento de hadas. El problema es que es más alta que yo, no mucho, pero lo suficiente, será porque es mayor que yo, unos pocos meses, no sé, no le he preguntado. Solo sé que va un año más adelante en el colegio. Nos cruzamos todos los días en la portería, esperando el bus del colegio. Hola, es lo único que nos decimos, y es la única oportunidad que tengo de verla en el día. Cuando llega el fin de semana, a veces sale a la zona de los juegos y se reúne con Melanie, su otra chaperona, se la pasan hablando horas al ritmo del vaivén de los columpios.

Así que me fui en busca de Guillermo para que me acompañara a organizar la “furrusca”. Cuando llegué a su casa, subí las escaleras y me lo encontré en su habitación haciendo lagartijas, quería estar en forma para esa noche, me dijo. Al verme vestido con un polo, se quitó la camisa y se puso un polo también. Salimos en las bicicletas por toda la unidad en busca de nuestros amigos y amigas. Felipe, Julián, Raúl, Alberto, Tomás, Fernando, y por otro lado, Lucelly, Jessica, Paola, Claudia, Sandra, Viviana y por supuesto, Maribel. Cuando fui a invitar a Lucas con la única intención de que fuera su hermana Liana, me llevé una sorpresa. Me la encontré a ella saliendo del edificio.

Se me fue la voz, me temblaron las piernas, y por un momento pensé en dar media vuelta y salir corriendo. Ella me preguntó si estaba buscando a su hermano y me obligó a hablar, así que le dije que quería invitarlo a mi casa a una pequeña fiesta improvisada. Le sugerí que viniera también con su amiga Melanie y ella me preguntó si Mauricio estaba invitado, me tocó decirle que sí.

Mauricio es mi vecino, y creo que es el amor platónico de Liana. Es más grande que yo, y con eso basta. Fuimos muy buenos amigos hasta que pasó a bachillerato y de repente nunca quiso volver a jugar conmigo. Si quería que fuera Liana a la fiesta, no tenía opción, tenía que invitar a Mauricio, y de paso, al pesado de su hermano, Leonardo.

Corrí todos los muebles de la sala para abrir la pista de baile, y alisté todos los vinilos de merengue. Mientras llegaba la gente, subí el volumen del equipo de sonido y saqué la gaseosa y las papitas fritas que Lola había traído de la tienda. Algunos empezaron a llegar, y se fueron sentando muy tímidos. Mientras tanto Guillermo y yo jugábamos a deslizarnos sobre el piso con los largos cojines del sofá. Ah, se me olvidaba contarles que Guillermo, cuando me vio vestido de camisa azul, fue corriendo a su casa a ponerse una camisa, y me reprochó no haberle contado que me iba a cambiar el polo.

Maribel rompió el hielo y puso a todo el mundo a bailar, sobre todo a mí, no me soltó durante tres canciones. Yo prefiero bailar con Lucelly, es delgada y se deja apretar. Maribel también se deja apretar pero no es lo mismo bailar con un camión. Cuando Liana entró con su amiga, buscaron sentarse de manera que pudieran controlar la puerta y esperar el momento en que Mauricio apareciera.

Durante una canción todos bailamos al mismo tiempo, éramos siete parejas. Liana se quedó sentada, sola, nadie se atrevía a invitarla. Me llené de coraje y dejé a Lucelly en mitad de la canción para invitarla a bailar conmigo. Las piernas me temblaron y creo que perdí el ritmo por un momento. Cuando empezamos a bailar sus caderas se menearon al contrario de las mías, y creo que nos veíamos bastante ridículos a juzgar por la sonrisa de Lucelly.

Tenía que decirle algo, preguntarle algo, hablarle,  romper el hielo, hacerla reír. La apreté buscando conversarle al oído y le pregunté si quería conocer mi cuarto. Para mi sorpresa mía, dijo que sí.

Cuando se acabó la canción, cambié el vinilo en el tocadiscos, los dejé a todos con una canción larga de más de diez minutos y la llevé a mi habitación, que era la puerta contigua. Como no había dónde sentarse, la invité a que se sentara en mi cama y le pregunté si quería jugar “Batalla Naval”, no se me ocurrió nada más. Ella dijo que sí, otra gran sorpresa.

Así que saqué la caja del baúl de los juguetes y cuando empezaba a armar el tablero, entró Mauricio a la habitación. Ella se paró, y como si tuvieran algo muy importante que hablar en privado, salieron de la casa. Yo seguí poniendo música, bailamos una hora más las mismas canciones, nos tomamos toda la gaseosa y nos comimos todas las papitas con salsa rosada. Lola los echó a todos a las once y se puso a limpiar y a organizar.


Nunca olvidaré esta noche, fue la única oportunidad que tuve de estar cerca de Liana, tocar sus manos bailando y hablarle al oído. El lunes siguiente, de madrugada, tendría la oportunidad de decirle hola de nuevo, antes de subirme al bus del colegio.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Volar [30]


Lo mío son los aviones.
Aviones comerciales, aviones del ejército, helicópteros y cosas de esas.
Bueno, también me gusta el fútbol, pero no tanto como a mi hermano.

Me gusta el fútbol cuando vamos ganando, de lo contrario no me gusta casi.
Me desespera perder, por eso hago hasta lo imposible por ganar.
Mis compañeros dicen que soy muy “faulero” y ventajoso, y que alego demasiado. Siempre estoy alegando, es verdad, y siempre en voz alta, es verdad también, no se puede alegar sin gritar. Es que me van desesperando todos, los de mi equipo y los otros, todos quieren ganar, y yo no quiero perder, así que me toca alegar todo el tiempo y hacer muchas faltas si es necesario.

Pero lo mío son los aviones, bueno, y gritar un poco.
En realidad no me doy cuenta que estoy gritando, quizá es porque en mi casa todos gritamos, quizá es porque en mi país todos gritamos, todo el tiempo. Somos alegres, eso dicen, no sé.

Lo de los aviones es una pasión de verdad.
Cuando sea grande quiero ser piloto, o futbolista, no lo sé. Tengo un juego de simulación de vuelo para jugar en la computadora, ya he logrado aterrizar todos los aviones, incluidos los supersónicos. Juego desde que tengo cuatro años, desde que mi papá me compró el simulador en uno de sus viajes.

Es una lástima que el Concorde ya no vuele más, porque me hubiera gustado pilotarlo, o por lo menos, volar en él. Mi papá dice que si quiero ser piloto tengo que empezar por estudiar bien en el colegio y levantarme temprano. Dice que todos los pilotos madrugan sin dificultad, hacen su rutina, y vuelan, y así debería hacer yo. Levantarme sin gritos, correr a ducharme y a lavarme los dientes, vestirme, organizar mi cama, tomarme la leche, y salir volando, listo para ir al colegio.

Me entretengo mirando una paloma. Se me olvidaba, también tengo que tomarme la medicina. No sé si los pilotos deben tomarse su medicina, supongo que si. Si hay una paloma en la ventana puedo quedarme mirándola por varios minutos, hasta que el grito de la profesora me desconecta. Bueno, me entretengo mirando cualquier cosa que no sea el tablero, me la paso observando los árboles al exterior de la clase. No entiendo por qué hicieron ventanas tan altas, solo se ven las copas de los árboles. Me gustaría poder ver las calles, los carros, los peatones, y no solo las hojas y el cielo.

La medicina debo tomarla una vez por la mañana y otra por la noche, con la leche. Son unas gotas que no tienen sabor. Hoy el Barcelona le ganó al Real, mi hermano está indignado. Vimos el partido tirados en la cama de mamá, el volumen de la televisión al máximo, para sentirnos como en el estadio. En realidad teníamos que hacer las tareas antes de ver el partido. Mi papá nos obliga a tomar la leche dos veces al día, a mi hermano no le importa, es muy inocente. A mí no me gusta perder cuando tengo puesta la camiseta del Real.

Después del partido salimos a jugar a la cancha con todos mis amiguitos del conjunto, bueno, también son amigos de mi hermano. Real vs. Barcelona sobre terreno de asfalto. Cuando regresamos a la casa, sesión de tableta, él con una, yo con otra. Mi papá siempre anda gritando que debemos ir a ducharnos, que ya no juguemos más con el “Ipad”, que hay que empijamarse, preparar la maleta, tomarse la leche. Estoy volando un X-47R, llevo muy poca gasolina, quizá no alcance a llegar al portaaviones.

Debo limpiar la caca del perro y la orina también, no me dejan jugar en paz. Y además no hice la tarea, claro que mi papá no lo sabe, pero en un rato que llegue mi mamá se va a poner furiosa. Debería ir a ducharme, primero limpiar la caca, luego la leche. Voy a jugar un rato más.


martes, 21 de marzo de 2017

Cebolla [29]


¿Cómo se le ocurre a mi mamá casarse con un francés?
Encima de que me los tengo que aguantar en el colegio, ¡ahora tengo uno en la casa!
Querido diario: mis signos vitales están por los suelos, sufro D.V. = Desgano Vital.

Si no me mata su aliento, me mata la cebolla que alberga sus sobacos.
No puedo ni mirar sus dientes, parecen fichas de dominó, todos recostados para un lado y llenos de puntos negros. Creo que el señor no sabe que en este país usamos seda dental.

Dicen que uno es lo que come.
Quiero hacer una aclaración: uno huele a lo que come.
Pues este señor se la pasa comiendo charcutería, encurtidos, pan con ajo y mucho vino.

Su color rojizo en la piel no es por el bronceado, ni más faltaba, no señor, se debe al color de la carne de cerdo y el vino.
Pan con ajo, aceitunas, alcaparras, anchoas, foie gras, tajine, salchichón, mucho salchichón. Y vino, rojo, rojo, a veces blanco si hay pescado, y mucho rosado, claro y oscuro.

Ella dice que lo ama con pecueca y todo, con sus calcetines rotos y sus calzoncillos manchados. El amor hace lo siguiente con los sentidos, tomen nota: los abuele (el que me encuentre la conjugación del verbo “abolir” en presente le doy un premio), los abroga, los cancela, los deroga, los desactiva, los desapodera, los descalifica, los dirime, los eclipsa, los inutiliza, los liquida, los neutraliza, los oblitera, los prohíbe, los retracta, los revoca, los rompe, los suprime, los tacha, y el que me más me gusta, los suspende.

No es casualidad que los franceses hagan los mejores perfumes.
Cuando se conocieron, me contó ella, se bañaba, quizá, una vez a la semana.
¡Plop! (sin comentarios)

Yo me ducho, tú te duchas, nosotros nos duchamos, los latinos, por lo menos una vez al día, sino dos. Ducharse, enjabonarse, juagarse, meterse debajo del chorro, lavarse el pelo, lavarse los dientes, las orejas, las menudencias, así el agua esté gélida y esté lloviendo.

Y aquí hay que hacer una aclaración: ducharse es MUY diferente a “lavarse”.
Francés que se respete, sea del siglo pasado o contemporáneo, no se ducha, se lava, y de vez en cuando.

¿Qué es lavarse para un francés? Coger un trapito húmedo, acurrucarse en la bañera, pasárselo por aquí y por allá, lavar el trapito, volver a pasárselo, y así sucesivamente, hasta que el trapito se canse y por cuenta propia se largue de la casa.

El famoso rey francés, Louis XIV, no se bañó en toda su vida. Y el que no me crea, que se meta a Google: “Y este hecho nadie podía reprochárselo (al rey) puesto que en esa época la medicina consideraba que bañarse era peligroso para la salud ya que facilitaba la entrada de microbios al organismo. El rey expedía continuamente un hedor que era insoportable en su entorno, y él era consciente de ello ya que abría todas las ventanas del lugar donde se encontraba. [...]” ¡Plop y catapúm!

Ella dice que lo va a cambiar, que el amor puede con todo, incluso lograr que se duche dos veces al día, porque aquí en este país hace mucho calor, y te suda cada rincón del cuerpo, y cada orificio expele sus tesoros.

Con tanto latino “tan querido” que anda suelto, tanto caballero bien aseado, bien presentado, bien afeitado, bien respingado y bien equipado, no, ella no, ella tenía que ir a sacarse un francés de las profundidades de la ciudad luz, calvo, bajito, no muy culto, que no sabe si Bogotá queda en África o en Asia, que no sabe lo que es una seda dental, mucho menos una ortodoncia, que no sabe que después de cada comida hay que lavarse los dientes, no solo por el mal aliento, sino por la comida que queda engarzada entre los dientes, que no sabe lo que es un desodorante, un talco para pies, y además, judío. Mi abuela dice que pretende mejorar la estirpe, no entiendo mucho de qué habla, sigamos.

Si, está bien, tiene los ojos azules, nalgas redondas, bonitas piernas y barba frondosa, elemento fundamental en las mujeres mayores como mi mamá, será porque el latino promedio es más bien imberbe y ella quería cortar con el pasado, hacer un cambio radical.

¿Usted tiene un buen concepto de los franceses? He aquí un resumen para ver si le gustan tanto: el francés habla con la boca llena en la mesa, pone el pan sobre la mesa, no sobre un plato, y cuando termina de comer, se chupa los dedos. El francés todo lo sabe, y si no lo sabe, es porque no existe. Francia fue, es y será mejor que el pobre país donde nos encontramos ahora. ¿El método francés? El mejor del mundo, y en cualquier materia. El francés repite ropa, explicación: hoy fue a trabajar con la camisa roja, mañana también, con la misma, y lo peor de todo, no le importa. El francés promedio se pasa el dedo por la lengua para pasar la hoja de un libro, y podría continuar, pero dejémoslo así.

Querido diario, mi mamá lo quiere así, no puedo hacer nada. Y se ve tan feliz que hasta yo me siento feliz por ella. Bueno, está bien, he sido muy dura con él, le daré una oportunidad, pero solo porque a veces me hace reír. Al fin y al cabo, no estaría mal tener un hermanito con ojos azules, la envidia que le daría a Kathy la de mi curso. Un hermano rubio y ojiazul, ¡divino!


Dicen que el color oscuro predomina siempre, ¿será que nace negrito?

lunes, 23 de enero de 2017

Pobre y rico [28]



Mi papá era muy pobre.
Para llegar al trabajo, debía levantarse a las 4:30 am, se tomaba la aguapanela que mi mamá le dejaba en una olla sobre la estufa y caminaba calle abajo hasta llegar al lugar donde el bus empezaba su recorrido.. El trayecto en bus, incluido en articulado, era de casi dos horas. Llegado a la estación, debía caminar otra media hora calle arriba, a buen paso para no llegar tarde, la entrada era a las siete cero cero. En la mitad del recorrido hacía una parada para comerse una empanada con un tinto caliente a manera de desayuno. Al regreso, pasadas las cinco de la tarde, podía demorarse más de dos horas haciendo el mismo trayecto. Total, más de 4 horas diarias metido en el transporte público y una hora caminando.


Mi papá era muy rico.
Se levantaba sobre las 8:00 am. A esa hora, mi hermana y yo ya estábamos en el colegio, así que nunca lo veíamos por la mañana. La empleada del servicio le preparaba el desayuno y se lo servía en el comedor auxiliar junto con el periódico. A las nueve, el chofer calentaba el motor del carro que no tuviera pico y placa y le abría la puerta a mi papá para que pudiera seguir leyendo el periódico. El trayecto duraba media hora, bajando por La Calera, y llegaba al centro financiero en la Avenida Chile antes de las diez. Se bajaba en la esquina y compraba una caja de donas para acompañar el café con amaretto. Mientras tanto el chofer ponía las luces de parqueo y obstaculizaba el tráfico en hora pico. Los policías que pasaban por ahí nunca lo molestaron porque se trataba de una camioneta blindada. Se volvía a subir al carro y lo dejaba frente al ascensor, en el parking del sótano del edificio de la bolsa de valores.


Mi papá pobre era alto, de huesos pesados y manos grandes. Sus brazos eran largos y su espalda ancha. Hubiera podido ser un buen jugador de basket. Su piel trigueña acompañaba sus ojos oscuros y tímidos. Su pelo era negro. Su nariz, afilada y prominente, cubría unos labios pequeños que guardaban unos dientes blancos que dejaba ver con frecuencia por su manera natural de sonreír. Su atuendo de trabajo era ropa incómoda, pantalón y camisa de dril color verde con rayas fluorescentes, gorra con solapa sobre la nuca, botas tipo militar, guantes gruesos y tapabocas. En la cintura llevaba bolsas plásticas de varios tamaños como si fuera una falda, y en la espalda siempre llevaba colgado su inseparable morral con una botella de agua y el contenedor con el almuerzo que mi mamá le dejaba siempre listo junto a la aguapanela sobre la estufa. Mi padre era barrendero, ganaba el salario mínimo, menos de 300 U$.


Mi papá rico era bajito, de piel muy blanca, cachetes inflados y dientes pequeños y separados. Su barriga era prominente y tenía poco pelo, por lo que sufría mucho con el sol capitalino, y además, por sus ojos claros, siempre buscaba la sombra. En el colegio nunca fue bueno en los deportes, gracias a sus rodillas un poco juntas y sus brazos cortos, no podía decirse que gozara de un cuerpo atlético, quizá por eso se dedicó a cultivar su intelecto y a encerrarse por horas en la biblioteca. Su ropa de trabajo era siempre la misma, pantalón y chaqueta oscura, camisa blanca, corbata escarlata, zapatos marrón. En la cintura, al lado izquierdo, llevaba siempre el estuche con su lápiz portaminas y su estilógrafo con tinta morada, y, al lado derecho, dos estuches compañeros con dos teléfonos celulares. En los bolsillos interiores de la chaqueta, la billetera y el estuche de las gafas. El almuerzo, cualquier restaurante fino del sector, en compañía siempre de amigotes del trabajo. Mi padre era corredor de bolsa, se ganaba 10 centavos de dólar por minuto, les dejo hacer los cálculos.


Mi papá pobre nos amaba a mi hermana y a mí, decía que vivía y trabajaba para nosotros. Siempre fue muy cariñoso, nos envolvía en sus enormes brazos antes de acostarnos y nos daba un beso en la frente. Mi mamá era una ama de casa y trabajadora incansable. La casita, aunque modesta, siempre estaba reluciente. Mi papá la despertaba cuando salía temprano por la mañana con un beso en la frente y ella se levantaba a preparar los desayunos y a alistarnos para ir al colegio. Luego hacía almuerzos que vendía por encargo a los empleados de los comercios de la avenida, a veces diez, a veces quince. Con eso juntaba algo de dinero para ayudarle a mi papá con los gastos. Todos los viernes, sin excepción, iba hasta el trabajo de mi papá a llevarle un almuerzo hecho por ella, y lo acompañaba un rato durante su descanso de mediodía. Mi papá trabajaba el sábado hasta la una, y por la tarde, cuando llegaba a casa, nos llevaba al parque a jugar fútbol o a elevar la cometa. A veces comíamos helado. Los domingos, trabajaba de jardinero al norte de la ciudad, y se esforzaba por llegar antes de las tres de la tarde para poder compartir con nosotros el resto del día.


Mi papá rico llegaba a la casa después de la nueve de la noche, cuando ya estábamos dormidos mi hermana y yo. Entre semana lo veíamos escasamente, no sabíamos mucho de su vida ni él de la nuestra. Mi mamá no trabajaba y se la pasaba con las amigas en sus casas o haciendo compras, así que las tareas las hacíamos solos, la mayoría de las veces en casa de nuestros vecinos. La mamá era una señora italiana. Sus dos hijos mayores estaban en nuestro colegio, y ella se la pasaba en la casa cuidando el bebé. Una vez al mes, nos íbamos todos para la finca, mi papá invitaba a los vecinos con la familia completa, la niñera, el abuelo y la empleada del servicio de ellos, para que nos atendiera. Era la ocasión para hablar de lo ocurrido en la semana y mis papás se enteraban de ese modo lo que había sucedido en nuestras vidas, tanto en el colegio como en la vida social de nuestra gran unidad residencial. Mi papá se la llevaba muy bien con el papá, un señor grande y rubio, de ojos claros, que trabajaba sin salir de la casa, en un cuarto que había acondicionado a manera de oficina. Era la manera como mi papá y mi mamá agradecían a los vecinos su especial cariño por cuidarnos todas las tardes de colegio. Los otros fines de semana en la finca, cuando no estaban los vecinos, era para morirse de aburrimiento. Mi papá hipnotizado por la televisión viendo series, mi mamá encerrada en el turco o leyendo revistas de farándula frente a la chimenea.


Mi papá pobre siempre estuvo pendiente de nuestras tareas, nos sentaba junto con mi mamá en la mesa antes de cenar a revisar nuestros cuadernos. Nos decía que la educación era lo más importante, y que debíamos esforzarnos por ser correctos y tener una actitud siempre positiva, incluso ante una situación adversa e incomprensible.


Mi papá rico siempre estuvo pendiente de su teléfono ya que le daba toda clase de información respecto a su trabajo. Era como si el celular fuera su fuente de alegrías y desgracias, o como si fuera una batería exterior que mantenía su mente y su cuerpo siempre alerta. Si no estaba mirando su teléfono, estaba durmiendo.


Mi papá pobre fue atropellado por una camioneta blindada en la Avenida Chile un lunes por la mañana.


Mi papá rico murió en un accidente de tránsito, su camioneta fue chocada por un costado cuando un bus del SITP, al pasar a rojo el semáforo, aceleró su carrera en vez de frenar.


El choque fue tan violento que la camioneta se partió en dos y las puertas se abrieron para que mi papá rico saliera expulsado como una marioneta, con su periódico en la mano, dando vueltas por los aires. La Toyota, con su chofer todavía adentro, hizo varios trompos hasta llevarse por delante un pobre barrendero que estaba unos metros más adelante, sin tener la culpa de haber nacido y encontrarse justo en ése momento en aquel preciso lugar de la ciudad. El choque fue tan estruendoso que me desperté de repente, con el corazón palpitando como si fuera a estallar, y con la fuerte sensación de haberme orinado mientras dormía. No sé qué voy a hacer con ese problema. Ya estoy muy grande para hacerme pipí en la cama.





lunes, 2 de enero de 2017

Porno [27]


Mi hermano era un enfermo cuando de ver mujeres desnudas se trataba.
Recuerdo muy bien cuando tenía alrededor de 12 años, un año mayor que yo, y se encerraba mucho tiempo en su cuarto a hacer no sé qué cosas.


Por ésa época, mucho antes de la revolución de internet, lo que mandaba la parada eran las revistas, pero como mi hermano era todavía un menor de edad, le echaba mano a lo que encontraba. Para completar su calentura, la chica más sexy del colegio, “Betsi”, era nuestra vecina. Ya podrán imaginarse las horas perdidas que mi hermano gastaba tratando de espiarla desde su ventana.


Nunca se me va a olvidar la tarde en que llegó el catálogo de primavera-verano. Le arrebató el libro al distribuidor tan pronto como abrí la puerta, buscó inmediatamente la sección de ropa interior, y se puso a contemplar, casi con metodología científica, a todas las modelos que exhibían ropa íntima.


Después de haber repasado todas las páginas unas cuatro o cinco veces, como quien busca el billete ganador de una lotería entre un libro viejo, se recostó en el espaldar del sofá y suspiró creyendo estar solo en la casa. Subió a su habitación en busca de una lupa y la puso sobre la modelo que más atractiva. (por suerte no había un microscopio).


-¿Por qué no arrancas la página y la pones a contraluz sobre la ventana para que puedas verle el otro lado a la chica? -recuerdo haberle gritado.


Ahora que mi hijo cumplió 11 años y me está bombardeando con toda clase de preguntas sobre la pornografía y la sexualidad, no puedo impedir que este recuerdo pase por mi mente. Así que, mi querido diario, te pido que guardes sabiamente esta conversación y la protejas de lectores indiscretos.


Mi hijo.
-¿Qué es el esperma?


Yo.
-Es la semilla que ponen los hombres para fecundar a las mujeres -(no sé si yo misma entiendo esta poesía).


Mi hijo.
-¿Las mujeres también tienen esperma?


Yo.
-Las mujeres tienen óvulos, que son fecundados por el esperma. Haz de cuenta que el óvulo es un huevo que recibe los espermatozoides, “las semillas”, que están en el esperma. También se le dice “semen”.


Mi hijo.
-¿O sea que el semen sirve para las relaciones sexuales? ¿Para hacer el amor?


Yo.
-No es que “sirva” para hacer el amor, es más bien como el “resultado” del amor. Es como la conclusión, el final, la expresión del sentimiento, lo que sale del amor. (estoy muy poética definitivamente).


Mi hijo.
-¿Yo tengo esperma aunque no tenga novia?


Yo. (sabiendo que mi hijo ya tiene erecciones)
-No mi amor, todavía no tienes esperma. Eso hace parte del desarrollo hormonal, como los vellos en las axilas, la barba y otras cosas. Y no tiene nada que ver si tienes o no una novia. La generación de esperma empieza, más o menos, cuando los niños cambian de voz, cuando dejan de tener el tono de un niño y empiezan a tener una voz más ronca, más de adulto.


Mi hijo. (se queda unos instantes muy pensativo y me suelta esta bomba)
-Entonces Felipe es un mentiroso mamá, porque nos contó  que le había echado su esperma a una niña en la mano. Y Felipe tiene la voz muy aguda, así que eso no posible!


Yo.
(Espero que Google me sugiera un buen trago para poder pasar esta poesía). www.recetadecocteles.com & www.tengounhijomuydificil.com





jueves, 29 de diciembre de 2016

Bomba nuclear. [26]

ー¿Qué es más poderoso, la bomba atómica o la bomba nuclear? ーpregunta Juan Diego.

ーNo séーresponde el papá. Creo que la nuclear es más destructiva, pero no sé bien cuál es la diferencia entre las dos. (dónde está mi celular para consultar Google)

ー¿Quiénes se salvaron cuando tiraron la bomba en Japón?

ーCreo que solo se salvaron las cucarachas. Son los únicos insectos que sobreviven a la bomba atómica, o por lo menos, eso dicen. (me voy de investigación en Google esta noche)

ー¿Qué pasa si nos tiran una bomba de esas aquí?ー pregunta el niño.

ーMoriríamos todos al instante.

ーY si salimos corriendo muy rápido, ¿crees que nos salvamos?

ーCreo que no seríamos lo suficientemente rápidos como para escapar corriendo. Mira, cuando tiran una bomba atómica, lo hacen por sorpresa, nadie se lo espera. La bomba es lanzada desde un avión que pasa a gran altura, y cuando cae al suelo, la explosión es tan rápida como un parpadeo. Es casi instantánea, todo se destruye de inmediato.

ー¿Crees que Usain Bolt se salvaría?

ーCreo que ni siquiera él se salvaríaー responde el papá.

ー¿Y si la bomba cae en una piscina? ¿Estallaría o qué pasaría? ¿De qué tamaño es la bomba atómica?

ーCreo que si cae en una piscina, igual estallaría, porque las piscinas no son profundas y tocaría el fondo de todas maneras. El tamaño de la bomba no lo conozco, supongo que debe tener el tamaño de un carro o algo así. (esta noche piensa definitivamente investigar en internet)

ー¿Y si cayera en el mar? -pregunta Juan Diego.

ーNo creo que caiga en el mar, ese no es el objetivo. Los militares planean muy bien el punto exacto donde quieren que la bomba caiga, y hacen todos los cálculos necesarios para darle al objetivo, generalmente una ciudad. En el mar no hay nadie, no tiene sentido tirarla allí.

ー¿Pero estallaría de todas formas?

ーSupongo que estallaría, síー responde el papá.

ー¿Y por qué los americanos le tiraron la bomba atómica a los japoneses?

ーPorque los japoneses atacaron Pearl Harbor durante la segunda guerra mundial. Los americanos quisieron vengarse y demostrar su enorme poder de destrucción.

ー¿Por qué los japoneses atacaron a los americanos?

ーPor estúpidos y soberbios. Creo que no sabían muy bien lo que estaban haciendo. Supongo que los atacaron por los intereses propios de la guerra, la verdad no sé muy bien porqué. (Esta noche me espera una larga sesión en Google).

ー¿Cuántas personas murieron cuando atacaron a los americanos?

ーCreo que murieron más de 2.000 personas, casi todos militaresー responde el papá.

ー¿Y cuántas personas murieron en la bomba atómica en Japón?

ーCreo que más de 150.000 personas, casi todos civiles. Cuando lleguemos a la casa miramos esos datos en Google. (Tengo que anotar todo lo que tengo que preguntarle a Google esta noche)

ー¿Quiénes son los civiles, papá?

ーLos civiles son todas las personas que no son militares, los hombres, las mujeres, los niños, los ancianos.

ー¿Y por qué mataron a los niños, papá?

(El padre, un poco desesperado, le contesta:)

ーNo sé hijo, la verdad es que no lo sé. Esta noche consulto en Google y te doy la respuesta mañana. ¿vale?




Repasemos juntos los datos encontrados en Google:

“diferencia entre bomba atómica y bomba nuclear”
Respuesta: Las bombas de fisión ó bomba atómica, como su nombre indica, trabaja dividiendo átomos radiactivos inestables, los cuales desencadenan una reacción nuclear en cadena que libera enormes cantidades de energía destructiva instantáneamente. Como fue el caso de "Little Boy", la bomba los E.U.A. lanzada sobre Hiroshima.

“las cucarachas sobreviven la bomba”
Respuesta: En primer lugar, maticemos: si se produce una explosión nuclear, las cucarachas no sobrevivirán si andan cerca. Por ejemplo, la bomba de 15 kilotones que explotó en Hiroshima desencadenó una tormenta de fuego de 982 ºC que lo incineró todo en un radio de 1,9 km. Lo que haría la cucaracha es sobrevivir a la subsiguiente lluvia radioactiva.
Y es que la cucaracha común puede soportar nada menos que 6.400 rads (la medida estándar de la radiación ionizante). En comparación, la dosis letal para un ser humano es tan solo de 500 rads.
La razón de esta resistencia a la radioactividad es solo una hipótesis. En su período larvario, las cucarachas experimentan una muda semanal durante la cual sus células se subdividen a la mitad de la frecuencia habitual. Ya adultas, se subdividen todavía menos. La radiación causa la mayoría de las mutaciones en el ADN replicante, es decir, es más frecuente en las células que se están subdividiendo. Esta lentitud protege a las cucarachas de la mutación. Tomado de: https://www.xatakaciencia.com/biologia/por-que-las-cucarachas-podrian-sobrevivir-a-un-holocausto-nuclear

Si como yo, usted no entendió nada tampoco, busque en Google.
“tamaño de la bomba atómica”
Respuesta: es más o menos lo que les dije, el tamaño de un carro. Pero la respuesta es más amplia que eso, la pueden encontrar en la maravillosa wikipedia:

“Ataque a Pearl Harbor”
Respuesta en wikipedia, muy interesante repasar la historia:

“Cuántos hombres murieron en ataque a Pearl Harbor”
Respuesta: 3.403 hombres, una buena página para consultar:
“Cuántas personas murieron en Hiroshima y Nagasaki”
Respuesta: 246.000 personas, muy interesante repasar los datos en:

Ahí les dejo la tarea, buenas noches.