lunes, 23 de enero de 2017

Pobre y rico [28]



Mi papá era muy pobre.
Para llegar al trabajo, debía levantarse a las 4:30 am, se tomaba la aguapanela que mi mamá le dejaba en una olla sobre la estufa y caminaba calle abajo hasta llegar al lugar donde el bus empezaba su recorrido.. El trayecto en bus, incluido en articulado, era de casi dos horas. Llegado a la estación, debía caminar otra media hora calle arriba, a buen paso para no llegar tarde, la entrada era a las siete cero cero. En la mitad del recorrido hacía una parada para comerse una empanada con un tinto caliente a manera de desayuno. Al regreso, pasadas las cinco de la tarde, podía demorarse más de dos horas haciendo el mismo trayecto. Total, más de 4 horas diarias metido en el transporte público y una hora caminando.


Mi papá era muy rico.
Se levantaba sobre las 8:00 am. A esa hora, mi hermana y yo ya estábamos en el colegio, así que nunca lo veíamos por la mañana. La empleada del servicio le preparaba el desayuno y se lo servía en el comedor auxiliar junto con el periódico. A las nueve, el chofer calentaba el motor del carro que no tuviera pico y placa y le abría la puerta a mi papá para que pudiera seguir leyendo el periódico. El trayecto duraba media hora, bajando por La Calera, y llegaba al centro financiero en la Avenida Chile antes de las diez. Se bajaba en la esquina y compraba una caja de donas para acompañar el café con amaretto. Mientras tanto el chofer ponía las luces de parqueo y obstaculizaba el tráfico en hora pico. Los policías que pasaban por ahí nunca lo molestaron porque se trataba de una camioneta blindada. Se volvía a subir al carro y lo dejaba frente al ascensor, en el parking del sótano del edificio de la bolsa de valores.


Mi papá pobre era alto, de huesos pesados y manos grandes. Sus brazos eran largos y su espalda ancha. Hubiera podido ser un buen jugador de basket. Su piel trigueña acompañaba sus ojos oscuros y tímidos. Su pelo era negro. Su nariz, afilada y prominente, cubría unos labios pequeños que guardaban unos dientes blancos que dejaba ver con frecuencia por su manera natural de sonreír. Su atuendo de trabajo era ropa incómoda, pantalón y camisa de dril color verde con rayas fluorescentes, gorra con solapa sobre la nuca, botas tipo militar, guantes gruesos y tapabocas. En la cintura llevaba bolsas plásticas de varios tamaños como si fuera una falda, y en la espalda siempre llevaba colgado su inseparable morral con una botella de agua y el contenedor con el almuerzo que mi mamá le dejaba siempre listo junto a la aguapanela sobre la estufa. Mi padre era barrendero, ganaba el salario mínimo, menos de 300 U$.


Mi papá rico era bajito, de piel muy blanca, cachetes inflados y dientes pequeños y separados. Su barriga era prominente y tenía poco pelo, por lo que sufría mucho con el sol capitalino, y además, por sus ojos claros, siempre buscaba la sombra. En el colegio nunca fue bueno en los deportes, gracias a sus rodillas un poco juntas y sus brazos cortos, no podía decirse que gozara de un cuerpo atlético, quizá por eso se dedicó a cultivar su intelecto y a encerrarse por horas en la biblioteca. Su ropa de trabajo era siempre la misma, pantalón y chaqueta oscura, camisa blanca, corbata escarlata, zapatos marrón. En la cintura, al lado izquierdo, llevaba siempre el estuche con su lápiz portaminas y su estilógrafo con tinta morada, y, al lado derecho, dos estuches compañeros con dos teléfonos celulares. En los bolsillos interiores de la chaqueta, la billetera y el estuche de las gafas. El almuerzo, cualquier restaurante fino del sector, en compañía siempre de amigotes del trabajo. Mi padre era corredor de bolsa, se ganaba 10 centavos de dólar por minuto, les dejo hacer los cálculos.


Mi papá pobre nos amaba a mi hermana y a mí, decía que vivía y trabajaba para nosotros. Siempre fue muy cariñoso, nos envolvía en sus enormes brazos antes de acostarnos y nos daba un beso en la frente. Mi mamá era una ama de casa y trabajadora incansable. La casita, aunque modesta, siempre estaba reluciente. Mi papá la despertaba cuando salía temprano por la mañana con un beso en la frente y ella se levantaba a preparar los desayunos y a alistarnos para ir al colegio. Luego hacía almuerzos que vendía por encargo a los empleados de los comercios de la avenida, a veces diez, a veces quince. Con eso juntaba algo de dinero para ayudarle a mi papá con los gastos. Todos los viernes, sin excepción, iba hasta el trabajo de mi papá a llevarle un almuerzo hecho por ella, y lo acompañaba un rato durante su descanso de mediodía. Mi papá trabajaba el sábado hasta la una, y por la tarde, cuando llegaba a casa, nos llevaba al parque a jugar fútbol o a elevar la cometa. A veces comíamos helado. Los domingos, trabajaba de jardinero al norte de la ciudad, y se esforzaba por llegar antes de las tres de la tarde para poder compartir con nosotros el resto del día.


Mi papá rico llegaba a la casa después de la nueve de la noche, cuando ya estábamos dormidos mi hermana y yo. Entre semana lo veíamos escasamente, no sabíamos mucho de su vida ni él de la nuestra. Mi mamá no trabajaba y se la pasaba con las amigas en sus casas o haciendo compras, así que las tareas las hacíamos solos, la mayoría de las veces en casa de nuestros vecinos. La mamá era una señora italiana. Sus dos hijos mayores estaban en nuestro colegio, y ella se la pasaba en la casa cuidando el bebé. Una vez al mes, nos íbamos todos para la finca, mi papá invitaba a los vecinos con la familia completa, la niñera, el abuelo y la empleada del servicio de ellos, para que nos atendiera. Era la ocasión para hablar de lo ocurrido en la semana y mis papás se enteraban de ese modo lo que había sucedido en nuestras vidas, tanto en el colegio como en la vida social de nuestra gran unidad residencial. Mi papá se la llevaba muy bien con el papá, un señor grande y rubio, de ojos claros, que trabajaba sin salir de la casa, en un cuarto que había acondicionado a manera de oficina. Era la manera como mi papá y mi mamá agradecían a los vecinos su especial cariño por cuidarnos todas las tardes de colegio. Los otros fines de semana en la finca, cuando no estaban los vecinos, era para morirse de aburrimiento. Mi papá hipnotizado por la televisión viendo series, mi mamá encerrada en el turco o leyendo revistas de farándula frente a la chimenea.


Mi papá pobre siempre estuvo pendiente de nuestras tareas, nos sentaba junto con mi mamá en la mesa antes de cenar a revisar nuestros cuadernos. Nos decía que la educación era lo más importante, y que debíamos esforzarnos por ser correctos y tener una actitud siempre positiva, incluso ante una situación adversa e incomprensible.


Mi papá rico siempre estuvo pendiente de su teléfono ya que le daba toda clase de información respecto a su trabajo. Era como si el celular fuera su fuente de alegrías y desgracias, o como si fuera una batería exterior que mantenía su mente y su cuerpo siempre alerta. Si no estaba mirando su teléfono, estaba durmiendo.


Mi papá pobre fue atropellado por una camioneta blindada en la Avenida Chile un lunes por la mañana.


Mi papá rico murió en un accidente de tránsito, su camioneta fue chocada por un costado cuando un bus del SITP, al pasar a rojo el semáforo, aceleró su carrera en vez de frenar.


El choque fue tan violento que la camioneta se partió en dos y las puertas se abrieron para que mi papá rico saliera expulsado como una marioneta, con su periódico en la mano, dando vueltas por los aires. La Toyota, con su chofer todavía adentro, hizo varios trompos hasta llevarse por delante un pobre barrendero que estaba unos metros más adelante, sin tener la culpa de haber nacido y encontrarse justo en ése momento en aquel preciso lugar de la ciudad. El choque fue tan estruendoso que me desperté de repente, con el corazón palpitando como si fuera a estallar, y con la fuerte sensación de haberme orinado mientras dormía. No sé qué voy a hacer con ese problema. Ya estoy muy grande para hacerme pipí en la cama.





lunes, 2 de enero de 2017

Porno [27]


Mi hermano era un enfermo cuando de ver mujeres desnudas se trataba.
Recuerdo muy bien cuando tenía alrededor de 12 años, un año mayor que yo, y se encerraba mucho tiempo en su cuarto a hacer no sé qué cosas.


Por ésa época, mucho antes de la revolución de internet, lo que mandaba la parada eran las revistas, pero como mi hermano era todavía un menor de edad, le echaba mano a lo que encontraba. Para completar su calentura, la chica más sexy del colegio, “Betsi”, era nuestra vecina. Ya podrán imaginarse las horas perdidas que mi hermano gastaba tratando de espiarla desde su ventana.


Nunca se me va a olvidar la tarde en que llegó el catálogo de primavera-verano. Le arrebató el libro al distribuidor tan pronto como abrí la puerta, buscó inmediatamente la sección de ropa interior, y se puso a contemplar, casi con metodología científica, a todas las modelos que exhibían ropa íntima.


Después de haber repasado todas las páginas unas cuatro o cinco veces, como quien busca el billete ganador de una lotería entre un libro viejo, se recostó en el espaldar del sofá y suspiró creyendo estar solo en la casa. Subió a su habitación en busca de una lupa y la puso sobre la modelo que más atractiva. (por suerte no había un microscopio).


-¿Por qué no arrancas la página y la pones a contraluz sobre la ventana para que puedas verle el otro lado a la chica? -recuerdo haberle gritado.


Ahora que mi hijo cumplió 11 años y me está bombardeando con toda clase de preguntas sobre la pornografía y la sexualidad, no puedo impedir que este recuerdo pase por mi mente. Así que, mi querido diario, te pido que guardes sabiamente esta conversación y la protejas de lectores indiscretos.


Mi hijo.
-¿Qué es el esperma?


Yo.
-Es la semilla que ponen los hombres para fecundar a las mujeres -(no sé si yo misma entiendo esta poesía).


Mi hijo.
-¿Las mujeres también tienen esperma?


Yo.
-Las mujeres tienen óvulos, que son fecundados por el esperma. Haz de cuenta que el óvulo es un huevo que recibe los espermatozoides, “las semillas”, que están en el esperma. También se le dice “semen”.


Mi hijo.
-¿O sea que el semen sirve para las relaciones sexuales? ¿Para hacer el amor?


Yo.
-No es que “sirva” para hacer el amor, es más bien como el “resultado” del amor. Es como la conclusión, el final, la expresión del sentimiento, lo que sale del amor. (estoy muy poética definitivamente).


Mi hijo.
-¿Yo tengo esperma aunque no tenga novia?


Yo. (sabiendo que mi hijo ya tiene erecciones)
-No mi amor, todavía no tienes esperma. Eso hace parte del desarrollo hormonal, como los vellos en las axilas, la barba y otras cosas. Y no tiene nada que ver si tienes o no una novia. La generación de esperma empieza, más o menos, cuando los niños cambian de voz, cuando dejan de tener el tono de un niño y empiezan a tener una voz más ronca, más de adulto.


Mi hijo. (se queda unos instantes muy pensativo y me suelta esta bomba)
-Entonces Felipe es un mentiroso mamá, porque nos contó  que le había echado su esperma a una niña en la mano. Y Felipe tiene la voz muy aguda, así que eso no posible!


Yo.
(Espero que Google me sugiera un buen trago para poder pasar esta poesía). www.recetadecocteles.com & www.tengounhijomuydificil.com





jueves, 29 de diciembre de 2016

Bomba nuclear. [26]

ー¿Qué es más poderoso, la bomba atómica o la bomba nuclear? ーpregunta Juan Diego.

ーNo séーresponde el papá. Creo que la nuclear es más destructiva, pero no sé bien cuál es la diferencia entre las dos. (dónde está mi celular para consultar Google)

ー¿Quiénes se salvaron cuando tiraron la bomba en Japón?

ーCreo que solo se salvaron las cucarachas. Son los únicos insectos que sobreviven a la bomba atómica, o por lo menos, eso dicen. (me voy de investigación en Google esta noche)

ー¿Qué pasa si nos tiran una bomba de esas aquí?ー pregunta el niño.

ーMoriríamos todos al instante.

ーY si salimos corriendo muy rápido, ¿crees que nos salvamos?

ーCreo que no seríamos lo suficientemente rápidos como para escapar corriendo. Mira, cuando tiran una bomba atómica, lo hacen por sorpresa, nadie se lo espera. La bomba es lanzada desde un avión que pasa a gran altura, y cuando cae al suelo, la explosión es tan rápida como un parpadeo. Es casi instantánea, todo se destruye de inmediato.

ー¿Crees que Usain Bolt se salvaría?

ーCreo que ni siquiera él se salvaríaー responde el papá.

ー¿Y si la bomba cae en una piscina? ¿Estallaría o qué pasaría? ¿De qué tamaño es la bomba atómica?

ーCreo que si cae en una piscina, igual estallaría, porque las piscinas no son profundas y tocaría el fondo de todas maneras. El tamaño de la bomba no lo conozco, supongo que debe tener el tamaño de un carro o algo así. (esta noche piensa definitivamente investigar en internet)

ー¿Y si cayera en el mar? -pregunta Juan Diego.

ーNo creo que caiga en el mar, ese no es el objetivo. Los militares planean muy bien el punto exacto donde quieren que la bomba caiga, y hacen todos los cálculos necesarios para darle al objetivo, generalmente una ciudad. En el mar no hay nadie, no tiene sentido tirarla allí.

ー¿Pero estallaría de todas formas?

ーSupongo que estallaría, síー responde el papá.

ー¿Y por qué los americanos le tiraron la bomba atómica a los japoneses?

ーPorque los japoneses atacaron Pearl Harbor durante la segunda guerra mundial. Los americanos quisieron vengarse y demostrar su enorme poder de destrucción.

ー¿Por qué los japoneses atacaron a los americanos?

ーPor estúpidos y soberbios. Creo que no sabían muy bien lo que estaban haciendo. Supongo que los atacaron por los intereses propios de la guerra, la verdad no sé muy bien porqué. (Esta noche me espera una larga sesión en Google).

ー¿Cuántas personas murieron cuando atacaron a los americanos?

ーCreo que murieron más de 2.000 personas, casi todos militaresー responde el papá.

ー¿Y cuántas personas murieron en la bomba atómica en Japón?

ーCreo que más de 150.000 personas, casi todos civiles. Cuando lleguemos a la casa miramos esos datos en Google. (Tengo que anotar todo lo que tengo que preguntarle a Google esta noche)

ー¿Quiénes son los civiles, papá?

ーLos civiles son todas las personas que no son militares, los hombres, las mujeres, los niños, los ancianos.

ー¿Y por qué mataron a los niños, papá?

(El padre, un poco desesperado, le contesta:)

ーNo sé hijo, la verdad es que no lo sé. Esta noche consulto en Google y te doy la respuesta mañana. ¿vale?




Repasemos juntos los datos encontrados en Google:

“diferencia entre bomba atómica y bomba nuclear”
Respuesta: Las bombas de fisión ó bomba atómica, como su nombre indica, trabaja dividiendo átomos radiactivos inestables, los cuales desencadenan una reacción nuclear en cadena que libera enormes cantidades de energía destructiva instantáneamente. Como fue el caso de "Little Boy", la bomba los E.U.A. lanzada sobre Hiroshima.

“las cucarachas sobreviven la bomba”
Respuesta: En primer lugar, maticemos: si se produce una explosión nuclear, las cucarachas no sobrevivirán si andan cerca. Por ejemplo, la bomba de 15 kilotones que explotó en Hiroshima desencadenó una tormenta de fuego de 982 ºC que lo incineró todo en un radio de 1,9 km. Lo que haría la cucaracha es sobrevivir a la subsiguiente lluvia radioactiva.
Y es que la cucaracha común puede soportar nada menos que 6.400 rads (la medida estándar de la radiación ionizante). En comparación, la dosis letal para un ser humano es tan solo de 500 rads.
La razón de esta resistencia a la radioactividad es solo una hipótesis. En su período larvario, las cucarachas experimentan una muda semanal durante la cual sus células se subdividen a la mitad de la frecuencia habitual. Ya adultas, se subdividen todavía menos. La radiación causa la mayoría de las mutaciones en el ADN replicante, es decir, es más frecuente en las células que se están subdividiendo. Esta lentitud protege a las cucarachas de la mutación. Tomado de: https://www.xatakaciencia.com/biologia/por-que-las-cucarachas-podrian-sobrevivir-a-un-holocausto-nuclear

Si como yo, usted no entendió nada tampoco, busque en Google.
“tamaño de la bomba atómica”
Respuesta: es más o menos lo que les dije, el tamaño de un carro. Pero la respuesta es más amplia que eso, la pueden encontrar en la maravillosa wikipedia:

“Ataque a Pearl Harbor”
Respuesta en wikipedia, muy interesante repasar la historia:

“Cuántos hombres murieron en ataque a Pearl Harbor”
Respuesta: 3.403 hombres, una buena página para consultar:
“Cuántas personas murieron en Hiroshima y Nagasaki”
Respuesta: 246.000 personas, muy interesante repasar los datos en:

Ahí les dejo la tarea, buenas noches.



lunes, 19 de diciembre de 2016

Hacer el amor. [25]


Mónica, la mamá
Querido diario íntimo, hace tiempo no acaricio tus páginas con mis palabras, he estado muy ocupada. Tengo que desahogar mis pensamientos en tus hojas blancas, no quiero volver a caer en el alcohol. Es domingo, se acaba de ir Luis Fernando, tuvimos una noche de amores maravillosa. ¡La cama quedó destrozada y las sábanas bien saladas! Eso sí, ¡llena de pelos! ¿Cómo pedirle que se rasure un poco? Que se afeite esos sobacos y que se motile esa melena, para nada sexy. ¿Acaso no se da cuenta que la espalda peluda espanta a cualquier mujer? Dios mío dame fuerzas. Buscando sábanas limpias, encontré el diario de mi hija y no pude resistir la tentación de leer algunas páginas.


Maya, la hija
Querido diario, anoche pillé a mi mamá haciendo el amor con el baboso de LF. No sé qué le vé mi mamá a ese tipo, tiene más gracia una partida de ajedrez por radio. El man es bajito, de escaso pelo, y como si fuera poco, tiene los dientes en recreo. Anoche llegó a la casa muy temprano para cenar con nosotras y me trajo un regalo, “El diario de Greg”, se ve interesante, ya empecé a leerlo. Es un lambón. Yo me fui a dormir y ellos se quedaron en la sala escuchando música. Creyeron que estaba dormida, pero me levanté al baño a medianoche y ví que mi mamá tenía la mano entre la cremallera de su pantalón. Se estaban besando.


Mónica, la mamá
No me siento bien leyendo el diario de mi propia hija, pero es más fuerte la curiosidad. Ojalá ella nunca te encuentre porque le daría un paro cardíaco. Al principio habla mucho de sus amigas del colegio y cosas de esas, por la mitad empieza a hablar de su amor “plutónico”, como dice ella, y no tuve tiempo de seguir leyendo. Luis Fernando se fue a su casa a darse un baño y cambiarse la ropa. Nos va a llevar a almorzar, vamos a ir a Dapa. A Maya le gusta ir allá porque hay un restaurante con un columpio de vuelo, y se puede pasar la tarde entera jugando y nos deja un poco tranquilos. Creo que a ella no le agrada Luis Fernando. Es posible que sienta que le está quitando su espacio. Todo ha sido muy rápido desde la separación.


Maya, la hija
Ellos no me vieron pasar, menos mal. Cuando salí del baño, ella estaba agachada. Quise acercarme por curiosidad pero pensé que era mejor no molestarlos, mi mamá se pone histérica cuando la interrumpo en la sala con sus amigos sabiendo que debo estar acostada. “Calladita te ves más bonita”, dice mi abuela. Me hubiera pegado varias veces con la chancla y no me gusta cuando hace eso. Así que me fui a la cama pero no pude dormir. Al cabo de un rato, escuché que le subieron el volumen a la música y se metieron al cuarto. No entiendo por qué tienen que encerrarse en el cuarto para hacer el amor, si pueden besarse toda la noche en la sala.


Mónica, la mamá
Es cierto que Luis Fernando no es un tipo buen mozo, en eso estoy de acuerdo con Maya. Pero tiene una larga justificación y me hace reír mucho, y con eso basta por ahora. No me siento capaz de meter al corazón en todo esto, prefiero que sea así, superficial, por ahora. No quiero caer en el mismo error de la vez pasada, con Carlos Alberto. Mucho cretino. Y más bruta yo por caer en su trampa. Pobre Maya, ella fue la que más sufrió de no volver a verlo, lo quería mucho. Quizá por eso no me ha perdonado y no quiere verme con Luis Fernando. De todas maneras esto es algo superficial, no pasará a ligas mayores. Por ahora, es tiempo de pasarla chévere, no preocuparse. Estuvimos toda la tarde en Dapa y la pasamos muy bien, sobre todo Maya. Se encontró con amiguitas del colegio y no pararon de jugar. Luis Fernando al principio me habló de su trabajo y luego quiso hablarme de su última relación pero lo detuve. Así que empezó a hablar de su mamá y de su hermano, que es ricachón. Bastante aburridos los temas por cierto. Fuera de la cama, creo que no hay mucho por conversar, y eso es un problema.


Maya, la hija
Le pregunté a Kathy si sus papás también se besaban toda la noche en la sala y me dijo que no, que solo se dan besitos en los labios, nunca se besan como en las novelas. Kathy seguramente sabe cómo hacen el amor sus papás, pero no me quiere contar. Solo me dijo que a veces escuchaba a su mamá hacer unos gemidos extraños, pero su papá le explicó que la mamá habla dormida y que es medio sonámbula. No entiendo. Si hacer el amor es besarse durante mucho tiempo, ¿por qué todos hablan de ruidos extraños, gemidos y todo eso? El hermano grande de Kathy sí debe saber eso de “hacer el amor”, pero cuando le pregunté sólo me dijo que una vez se fue a dormir a la casa de los Holguín, y que oyó a la mamá gritando por la noche, como si el papá le estuviera pegando. Tampoco entiendo. ¿Por qué gritan si el amor es felicidad? ¿Por qué no hacen el amor en la sala o en la cocina, como se ve en las novelas? ¿Por qué se tienen que encerrar como si estuvieran haciendo algo malo? ¿Por qué hacerlo a escondidas? Mañana le pregunto a mi mamá y si no me dice, le pregunto a mi papá.



Terapia. [24]


Kathy
Bueno niñas, hoy vamos a jugar a la terapia. Nos sentamos todas en el piso, con las piernas cruzadas, rodilla con rodilla, formando un círculo. Vamos a decir por turnos nuestros nombres y lo que más nos guste de la mamá y el papá de cada uno, y terminamos por decir lo que más nos molesta. Cuando hayamos escuchado a todas las integrantes, decidiremos por votación cuál es el caso que vamos a tratar en la terapia.

Kathy, otra vez
Como veo que varias de ustedes se sienten un poco perdidas, les voy a explicar de qué se trata todo esto. Una terapia es una reunión en grupo de varias personas donde hablan de problemas importantes y de cómo deben hacer para superarlos. Mis padres lo hacen cada quince días. A veces en mi casa, a veces en la casa de sus amigos de terapia. Ponen botellas de alcohol y pasabocas, y se acuestan casi al amanecer.

Kathy, por tercera vez
Yo a veces me escondo y escucho las cosas que hablan. No entiendo todo pero la base son “los problemas” en el hogar. No problemas de tipo “se fundió un bombillo y toca cambiarlo”, o “se acabó la leche y toca ir a comprar”, no. Problemas de pareja y todo eso. Les voy a dar un ejemplo. Cada vez que mi mamá se pone tacones, mi papá hace mala cara, y cada vez que mi papá se pone tenis blancos, mi mamá también hace mala cara. En la terapia de ese fin de semana, hablaron de machismo, intolerancia, respeto, aceptación y muchas más cosas super importantes.

Kathy, sigue
¿Van entendiendo niñas? ¿No es claro este ejemplo? Bueno, empecemos a jugar y vamos aprendiendo de qué se trata. Primero voy a contarles lo que me gusta de mis papás y termino con lo que no me gusta. Lo que más me gusta de mi papá es que me deja jugar mucho tiempo con la tablet, y lo que no me gusta es que siempre pone noticias en la radio del carro. Lo que más me gusta de mi mamá es que me hace pancakes los fines de semana, y lo que no me gusta es que no me deja jugar casi con la tablet. Dale Mariana.

Mariana
Mi papá murió cuando tenía tres años, no me acuerdo casi de nada. Pero puedo hablar de mi padrastro, que es mi papá de ahora. Lo que más me gusta es que siempre juega conmigo cuando está en la casa, lo que menos me gusta es que me sirve muchas verduras cuando hace la comida. Lo que más me gusta de mi mamá es que me deja hacer dibujos en las paredes de la casa, bueno, no en todas, en la de mi cuarto y la biblioteca. Lo que no me gusta es que me obliga a comer las verduras que hace mi papá y no le echa azúcar al jugo.

Paula Andrea
Yo vivo sola con mi mamá, no tengo papá ni padrastro, pero tengo una tía que es como si fuera mi segunda mamá. Lo que más me gusta de mi mamá es que me deja jugar con mis amigas del edificio hasta muy tarde los fines de semana. Lo que menos me gusta es que me obliga a tender la cama y arreglar mi cuarto todos los días por la mañana. Lo que más me gusta de mi tía es que siempre me trae un regalo. Lo que menos me gusta es que siempre pelea con mi mamá y a veces no viene en varios días.  

Camila
Lo que más me gusta de mi papá es que me lleva todos los fines de semana a lugares diferentes para jugar o comprar cosas. Lo que odio es que siempre anda con su novia que es una interesada porque mi papá tiene mucha plata. Lo que más me gusta de mi mamá es que me hace vestidos y disfraces en su máquina de coser, y lo que me molesta es que casi nunca me compra muñecas nuevas porque dice que no le alcanza.

Kathy interrumpe
Muy bien, vamos muy bien en la terapia. Ya te voy a explicar a dónde queremos llegar con todo esto, no te preocupes Mariana. Pero primero hagamos de cuenta que esto es una bebida alcohólica y tomemos un trago para aflojar las tensiones. Porque eso es lo que hacen mis papás y sus amigos en la terapia, toman trago para “soltar” las penas. Mariana, si no quieres jugar no pasa nada, es solo agua. Faltan Soraya y Elizabeth por hablar. Hablen rápido que se nos acaba el recreo, ya va a sonar el timbre. ¡Salud!

(Suena el timbre del recreo)

Kathy
Bien niñas. Seguiremos la terapia en el segundo recreo con Soraya y Elizabeth y después les explico para qué hacemos todo esto y hacia dónde vamos. Hagan por favor una lista con las cosas que dijeron de sus papás y las revisamos ahora. Y recuerden, muy importante: no hablar de esta terapia con nadie, ni con los niños, ni con los profesores y mucho menos con la gordita Beatriz, ya vendrá nuestra oportunidad para hacerla quedar en ridículo. Ya les contaré.


domingo, 11 de diciembre de 2016

Plutónico. [23]


Plutónico. [23]

Martina-
Había una vez un niño muy lindo en el colegio, y había una vez una niña que se enamoró de él sin saber. Tenía el nombre más lindo de todos los niños y era un nombre que yo jamás había escuchado antes. Ese año había llegado entre los alumnos nuevos al colegio, y le tocó en mi curso. Se llamaba Elías, hermoso ¿no? Tenía nueve años, el pelo claro y liso, y la piel muy blanca y con pecas. Se la pasaba siempre solo, en su mundo, era muy tímido. Ese niño era mi amor plutónico, aunque yo, de ocho años,  no sabía lo que era un amor de esos. En el curso la profesora lo sentó en la última fila, en un pupitre para él solo (las mesas son de dos puestos), pero yo podía verlo sin mucho esfuerzo porque también estaba en la última fila, en la mesa de enseguida. A mi derecha, la gordita Beatriz, mi compañera de pupitre, la mayor barrera visual entre Elías y yo. Era muy grande y muy gorda y siempre ocupaba más de la mitad de la mesa y de la banca, aunque con su voz chillona, su pelo quieto y sus dientes salidos, ocupaba todo el salón.

Rafael-
Yo lo único que quería era jugar fútbol, día y noche. Si no estaba jugando fútbol estaba hablando de algún partido, y si no, estaba jugando en la tableta o en la tele algún videojuego. A mis nueve años ya había sido cuatro veces campeón mundial de clubes y cinco veces con la selección que yo mismo había creado con jugadores de diferentes equipos. Era invencible en los videojuegos, y en la cancha real, era un goleador poderoso. Me decían “Rafigol” en vez de Rafael, y a mí me gustaba. Mi ídolo era el mejor jugador del mundo, Cristiano. Todos mis goles los celebraba como él. Tenía la camiseta del club donde jugaba actualmente y tenía todas las camisetas oficiales de los clubes en donde había jugado. El problema era que todos mis amigos también querían ser como yo, mejor dicho, querían ser como Cristiano.

Martina-
Cuando Elías se ausentaba, me enfermaba. Como si no fuera suficiente tenerlo al lado en la clase, durante el recreo, trataba siempre de ubicarlo y verlo de lejos, discretamente. Cuando alguien me decía que estaba jugando con otras niñas, me temblaban las piernas.. Empezaba a sentir un mareo ligero que poco a poco iba aumentando, y la palidez empezaba a apoderarse de mi piel. Yo trataba de hacerme la loca, como si nada hubiera pasado. Como si pudiera soportar un recreo completo sufriendo su ausencia. Mis amigas me compartían su comida para que retomara alientos, aunque en realidad ninguna imaginaba lo que sentía por dentro. ¿Cómo explicarles que sentía un agujero en el estómago tan grande que podía pasar la Vía Láctea completa sin siquiera tocar los bordes? ¿Cómo explicarles que mi razón de respirar tenía nombre propio? ¿Acaso alguien se daba cuenta o entendía siquiera que el amor era el combustible de mi humanidad?

Rafael-
Un día, el gordito Durán no vino al colegio y quedamos sin un defensa para disputar la final de la Champions League de cuarto de primaria. Le pedí a Elías, que se la pasaba solo como un champiñón caminando por cualquier parte, que fuera nuestro defensa central en reemplazo de Durán, que nos salvara la vida, y aceptó. Le expliqué que no tenía que hacer nada más que quedarse quieto como una estatua en el punto penal, y esperar a que el equipo contrario estuviera en el área, y hacer estorbo, mucho estorbo, eso era todo. Elías resultó siendo mejor defensa que el gordito Durán, que corría detrás de la pelota como un pastor alemán. Otra cosa buena de haber traído a Elías a nuestro equipo era que teníamos a las amigas de Martina de espectadoras. Yo quería que Kathy me viera jugar. Me gusta Kathy, no sé porqué, pero es la única niña del colegio que me gusta. Quizá porque viene de Bogotá y habla diferente a todas las caleñas, quizá porque tiene el pelo largo. Yo creo que es su manera de ser, parece una niña mucho más grande que todas las demás. Me dí cuenta que la operación era la siguiente: Kathy anda con Martina y las otras niñas, Martina anda siempre cerca de Elías, Martina está enamorada de Elías, Elías anda como un champiñón, y yo quiero que Kathy me vea jugar. Fácil, de ahora en adelante Elías juega en mi equipo, ya lo decidí.

Martina-

Creo que a Kathy le gusta Rafael. Desde que invitó a Elías a jugar fútbol en reemplazo del gordito Durán, la veo feliz haciendo barra por su equipo. Él siempre la mira cuando hace gol y ella siempre le sonríe. El que nunca me mira es Elías, bueno, hay que decir que nunca hace gol, a duras penas se mueve alrededor del punto penal. Es duro tener un amor plutónico. Vivir en un eclipse de sol constante, sin que sus ojos se den cuenta que para mí, su sonrisa es como el astro que ilumina mis días en el colegio. Y en eso se convirtieron todos nuestros recreos, en ir a la cancha a verlos jugar, hasta que de repente Elías se ausentó una semana entera, no sé porqué, y el sol no volvió a salir en mi vida. Dejé de comer, dejé de hacer tareas, dejé de ir a la cancha de fútbol, dejé de ver televisión, dejé de peinarme, dejé todo tirado durante esa semana. Cuando sentí que había tocado fondo y que esa pena no iba a llevarme a ninguna parte, decidí cambiar de amor plutónico, y empecé a interesarme por Rafael.